miércoles, 28 de noviembre de 2018

(OTRAS) TERAPIAS ALTERNATIVAS


    Esta mañana me han pedido una crema para piel utópica. Mi primer pensamiento ha sido decirle que la dejara estar, vaya suerte, que me parecía un regalo tener algo utópico, aunque sea la piel, en estos tiempos que corren, pero me he dejado llevar por la parte práctica y comercial y se ha llevado el ungüento en cuestión. Hace un par de semanas me pidieron un inhibidor de las lágrimas. No quería un ansiolítico, ni un antidepresivo, sino algo que evitara que las lágrimas brotaran, inoportunas, chivatas, en los momentos de presión extrema en el trabajo. Las lágrimas, sin freno, se lanzaban a exponer su escaso control de la situación al menos un par de veces por jornada laboral. Pensé recomendarle un abrazo amigo, pero tampoco es algo que uno se saque del bolsillo en cualquier momento, y una pildorita sí...si existiera. Aunque hoy he pensado que, si hubiera tenido a mano al de la piel utópica, habría podido invitarles a un (casto) acercamiento, y uno se habría beneficiado de la utopía de un futuro mejor, y el otro del abrazo amigo. Pero no se conocen, esa piel y esas lágrimas. Esas cosas tontas se me ocurren.

 Y resulta que esta tarde me ha llegado información sobre las propiedades sanadoras de abrazar árboles y me he acordado de mi idea del abrazo amigo. Todo está inventado, hasta lo más tonto. Parece ser que, con fe, los resultados son extraordinarios. El olmo podría ser el inhibidor de lágrimas que buscábamos, porque calma la mente inquieta y, además, como premio, te fortalece el estómago en el mismo acto de abrazar. El sauce parece ser el remedio infalible para reducir la tensión arterial, así que los jubilados ya están perdiendo el tiempo si no buscan un rincón en cualquier patio/terraza que tengan disponible para plantar un buen olmo y supongo, según resultados, ir regulando la frecuencia y la intensidad del achuchón hasta normalizar valores. Es más, fortalece la vejiga y el sistema urinario, y eso a partir de cierta edad es algo a tener en cuenta en el sexo masculino: próstata y tensión en un mismo tratamiento, no tiene precio.  Los abetos, si los abrazas, te curan las fracturas más que rápido, efecto escayola plus, así que, si te tienes que romper algo, intenta cuadrarlo cerca de Navidad, para tener a mano más troncos que estrujar, hacer horas extras y acortar la convalecencia. Pinos no valen, aunque si tu árbol de Navidad es de esta especie, abrázalo con ganas e insistencia porque te alargará la vida y tendrás más navidades disponibles para seguir abrazando árboles, según edad y achaques. Excepto cactus y chumberas, habría que estrecharlo todo entre los brazos, por si acaso.

Yo, incluso así, puestos a elegir entre terapias tontas, abrazaría antes a alguien con la piel utópica. Suena inútil, pero esperanzador.

viernes, 9 de noviembre de 2018


LARGO RECORRIDO

Desde días antes elaborabas calaveritas de azúcar y preparabas coloridos altares para ellos, tus ausentes difuntos. Sin grandes gastos, claro, un despilfarro absurdo. Para quitar dramatismo a la situación y ayudarte a distraer el dolor de la distancia,  ponía motes a las nuevas incorporaciones del año y les daba la bienvenida a su nuevo estado incorpóreo mientras tú llorabas en silencio. La nostalgia supongo. Comprábamos algunas flores, pocas en tu opinión. Para las plantas de los parques no era buena época: demasiado vigiladas. Encendíamos velas aromáticas, no mucho rato, me producían malestar, picor de ojos y una fastidiosa rinorrea.
 Nuestra celebración de Todos los Santos te parecía triste y gris. Añoraste siempre México, pero mucho más un día como hoy. Todos mis muertos están allí, decías. Admito que me reía de lo absurdo de tu afirmación, e intentaba animarte con mis bromas sobre la supuesta facilidad de los espíritus para moverse de un país a otro, ligeros y sin pasar por caja. Que vengan ellos, que vuelan gratis. Ya iremos otro año. Con frecuencia, mascullabas entre dientes algo que no entendía y que no compartías conmigo, ¿alguna invocación?, te preguntaba, aprovechando para hacer una más de mis  chanzas sobre vuestros primitivos ritos; soy así, incorregible. Ni puta gracia, te oí decir un día,  imagino que superada por el peso de la emoción.  Colocabas suculentas fuentes con sus frutas y sus comidas favoritas, que yo picoteaba a ratos, ya sabes que no soporto dejar que la comida se eche a perder. Me hablabas poco últimamente, creo que era el habitual desgaste de la convivencia en una pareja como la nuestra, atípica, pero bien acoplada, ya con un largo recorrido.
 Si estuvieras aquí te diría que sí, que tenías razón, que los difuntos quedan atrapados en el lugar al que pertenecen. Ve a buscarme si puedes, este año volarás gratis, fueron tus últimas palabras. Algo más dijiste de un capullo, aunque quizá entendí mal, porque no dejaste ni una flor, ni una vela, ni un pequeño altar, ni siquiera un triste pastelito.

martes, 25 de septiembre de 2018

BUSCANDO A MEMOs




    Lo de cumplir años está lleno de efectos colaterales. De los indeseados mejor ni hablar. Otros hay que te van facilitando un poco la vida, no tanto por hacerte más sabio, sino más práctico, más selectivo. 
   
   Me gusta rodearme de gente inteligente, de los que saben y comparten su saber, o su ingenio, o sus experiencias de vida, de forma generosa y oportuna, en dosis adecuadas para que tú les sigas sin perderte. Estos amigos doctos en lo suyo suelen tener sus zonas oscuras, terrenos en los que pisan más inseguros, en los que se adentran con miedo y admiten con buen humor su desconocimiento. Son divertidos o patosos, según el momento, y utilizan un variado abanico de emociones. Me atrae la gente  que se sabe imperfecta, que asume sus debilidades sin pudor pero con ganas de dejarse enseñar, que sabe escuchar a otros, que disfruta de los extremos, de una conversación profunda y de una trivial y frívola, de una visita a un museo, de la lectura de un libro o de una tarde de rebajas, que tienen sus días grises pero que otros días son ellos quienes te sacan a ti del pozo.
   
   Yo con los listos ya no puedo, los que saben de todo, esos que te dan lecciones y te miran con condescendencia cuando tú, tan tonto, no estás a su nivel, ya sea para reemplazar un enchufe, entender un enlace covalente, o leer a Goethe en su alemán de origen, pues ya se sabe que traducido pierde mucho. Los que hablan con desprecio de la gente débil, de los "fracasados" que no han conseguido triunfar como ellos, de los que opinan de todo y nos adoctrinan a los demás con toda su sabiduría. Que nos miran por encima del hombro o de sus gafas por no pensar adecuadamente y llegar a sus mismas conclusiones, que aparentan ser rocas marmóreas sin fisuras y no admiten jamás una equivocación ni un descuido, que buscan siempre culpar a otros, que tratan de ocultar su pobreza emocional con ironías y sarcasmos sobre aquellos que se atreven a cuestionar su proceder, tratando de humillar, sembrar cizaña y mala hierba de forma barata, cobarde y ofensiva. Ellos, por definición, nunca comenten errores, pero tampoco se justifican si les pones en duda, si tratas de debatir sobre su comportamiento, disfrazando su falta de criterios y de argumentos con ataques y burlas, desde ese pedestal en el que solo ellos se ven, lanzando mentiras desde su actitud de sobrados, ya les preguntes sobre un desvío sospechoso de dinero público, por los motivos para meternos en una guerra o en cualquier jardín peligroso o por sus razones para gestionar una colectividad de forma soberbia y prepotente. Están en todas partes. Basan sus relaciones en la desconfianza y en dar por sentado que todos tenemos un interés en sacar tajada, de beneficiarnos de alguna manera en todas nuestras actuaciones. Ya se sabe, cree el ladrón...  

   Con la edad, he comprendido que soy mucho más feliz cuando me rodeo de gente rica en emociones, generosa, que sabe ver lo bueno que hay en mí mejor que yo misma, y que, de entrada, presupone siempre buenas intenciones hasta que se demuestre lo contrario. Gente empática siempre, brillante muchas veces, otras un poco torpe, insegura, y en contadas ocasiones, algo perdida, ignorante,boba, adorablemente mema.


lunes, 12 de marzo de 2018

COMO UNO DE LOS NUESTROS

   




   A veces cuesta ser buena persona. Somos mayoría los que lo intentamos, los que buscamos este estado como lugar donde quedarnos, pero no siempre es fácil. Ser generoso, paciente, poner los intereses de otros por delante de los tuyos, olvidar agravios, perdonar ofensas, no sentir envidia de ese al que le llega algo que tú creías merecer más, ser capaz de emocionarte con los triunfos de los demás cuando los tuyos se resisten, obligarte a no ser mezquino o, al menos, a no dejar espacio a esos sentimientos con vocación de okupas que a veces parecen empeñarse en echar raíces. Cuesta reconocerte a veces en ese ser gris con tendencia a buscar un agujero para rumiar sus desdichas, y luchas por poner una sonrisa y salir al mundo para formar parte de él, para seguir en él. Casi siempre lo consigues. Te sientes a veces un pequeño fraude por ocultar a los demás esa parte oscura de la que no estás orgulloso, esos rencores feos que te asaltan traidores contra gente que no lo merece y a la que de verdad quieres. Si supieran ellos, piensas. Pero evitas regar esas malas hierbas, y viven poco en tu jardín. Sé que somos mayoría los que lo intentamos.

    Pero hay quien las deja echar raíces, desde el principio o desde quién sabe qué momento. No están locos. Alimentan esos rencores y los abonan con numerosas justificaciones y motivos. Yo, yo, yo. Saben esconderlos, disimularlos, aunque son sucios y malolientes, y los guardan en la trastienda, o en la cara B, siempre menos vendible, menos comercial, o en sus sótanos, o en las costuras, tras las puntadas minúsculas que impiden que se vea el material real del que están hechos. Así, ataviados como nosotros, ponen su mejor perfil  y parecen de los nuestros. Cuando la inmundicia crece tanto que amenaza con salir y poner en evidencia esa podredumbre interior, buscan hacer daño, cargados de razones, de sus razones, causan dolor como bálsamo para sus heridas infectas, abren la espita para rebajar la presión y liberan el  resentimiento y la maldad auténtica. En silencio, en solitario, a escondidas. Y actúan. Con los más débiles, con los más indefensos, con los más desprotegidos. Luego, siguen viviendo entre nosotros con su cara de domingo, de día de fiesta, ocultando, por ejemplo, que su alma de lunes decidió matar a ese niño y tirarlo a un pozo, hija de puta, y después, durante horas, días, semanas, siguen besando, abrazando, acariciando, ya ligeros de equipaje, sin presión, vestidos como uno de los nuestros.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

#YOTAMBIÉNMECOMPROMETO# (DECÁLOGO PARA MADRES Y PADRES DE VARONES)

   Siempre quise tener chicos. Es más, durante los primeros años de mi adolescencia, repetía con insistencia cuánto me hubiera gustado ser un tío. Todo me parecía más fácil para ellos, una sociedad dibujada a su medida y que a veces me resultaba incómoda, como una prenda apretada. Creo de verdad que la responsabilidad de que las cosas cambien de una vez y para siempre recae en todos, que transformando nuestros pequeños mundos domésticos podremos dibujar de verdad una colectividad más justa, más equitativa. Y creo también que quizá las familias que educamos varones tenemos un poquito más de tarea que las que educan niñas. 

   Visto para sentencia el famoso caso de "La Manada", encontramos en el banquillo a cinco hombres ya adultos, educados en cinco familias distintas, con cinco vidas y trayectorias diferentes y me resulta muy difícil comprender esta barbaridad colectiva, cómo es posible que, entre las risas, el entusiasmo, la grabación de vídeos con comentarios para presumir ante los colegas, ninguno tuviera un breve momento de lucidez para preguntarse qué c.... estamos haciendo. Qué es esto. Es casi una niña. Ha bebido. Hemos bebido. Somos cinco, mayores, más grandes. Es nuestra fiesta, no la suya. Es humillante. Es rastrero. Damos asco. Igual me da si resulta que ella se dejó llevar sin saber muy bien en qué charco se estaba metiendo o si decidió seguir el juego para que terminara cuanto antes. Me resulta imposible aceptar que sabía lo que le esperaba. Imposible para mí admitir que fuera sexo consentido y compartido en tales circunstancias. Imposible defender que, tras semejante festín lúdico (supuestamente para los seis), ellos, tan colegas, tan satisfechos, se largaran dejándola sola, medio desnuda y sin saber seguramente de que lado vino el ciclón que se la había llevado por delante. Eso sí, ahí te quedas, maja, ya te hemos utilizado para lo que queríamos, vamos a ser la envidia del grupo, los machos alfa de la manada, eres la prota de la peli, algo difícil de superar. Lo malo es que al final no la invitaron a una cerveza a la chavala, dice uno, y se sentiría mal. Acabáramos, tan simple como eso: faltó la palmadita en la espalda. No hay más que leer los mensajes que intercambiaban entre ellos. Que puede que sean imbéciles, dice su abogado. Y primarios, y patanes. Puede. Pero son buenos hijos, dijo el letrado, causando la emoción de sus defendidos.  Ante esto, no puedo evitar pensar en sus familias, en sus madres y padres, si podrán aceptar y hasta defender de alguna manera lo que pasó, o si se sentirán avergonzados y fracasados en su papel de educadores. 

   Me gustaría decir que yo me siento obligada, por la sociedad en general y por las mujeres del futuro en particular, a educar a mis hijos de otra manera. Para que no confundan las cosas. Para que no sean patanes, ni mucho menos delincuentes, ni nadie pueda sufrir por su imbecilidad ni por su incapacidad para ponerse en el lugar del otro, para tratar de modelar seres humanos mejores, para que las chicas no se sientan amenazadas con su presencia. Es importante decirlo, es vital intentarlo, comprometernos al menos...  

1. A educarlos para que no rían, ni jaleen, ni animen, ni reproduzcan, ni repitan chistes ni comentarios machistas o vejatorios hacia las mujeres, con el fin de no perpetuar comportamientos que acaban justificando situaciones de agresión, física, verbal o psicológica.

2. A enseñarles a asumir su libertad para expresar todo el rango de emociones del que disponemos: decisión, sensibilidad, vulnerabilidad, amor, decepción... y por encima de todo la empatía.

3. A animarles a tener la valentía de reivindicar públicamente su derecho a sentir todo lo anterior, a compartirlo con quien quieran, aun a riesgo de sentirse fuera del grupo. En todo caso, mejor alejarse de las manadas. 

4. A empujarlos a defender fuera de casa un modelo de sociedad justo, a no tolerar discriminaciones ni abusos, a animar a denunciar a quien las sufra, y a ponerse de su lado.

5. A tratar de ser yo misma, nosotros, un ejemplo en casa, de familia que se apoya, que colabora, a intentar un reparto de tareas igualitario y a dejar los roles establecidos fuera, al otro lado de la puerta de entrada.

6. A mostrarles ejemplos de personas válidas de ambos sexos, en todos los campos, haciendo hincapié en figuras, famosas o no, cercanas o no, que hayan roto estereotipos para dedicarse a actividades no hace muchos años vetadas para personas de su sexo.

7. A comentar en casa cualquier suceso o hecho como éste, a animarles a posicionarse, a entender por sí mismos, a sacar conclusiones.

8. A no tolerar comentarios vejatorios centrados en el aspecto físico de una mujer. A que intenten ir más allá de la imagen que proyectan. 

9. A que respeten la opción sexual de cada una, sea la que sea. Sin bromas, sin etiquetas, con naturalidad y brindando su apoyo si alguien lo necesita. 

10. A que utilicen los nueve puntos anteriores para intentar ser felices y para tratar de cambiar su zona de influencia. 


#Yotambiénmecomprometo#

Y espabilad, chicos: ellas, todo esto, lo aprenden mucho antes que vosotros. 




domingo, 29 de octubre de 2017

EN CASA DE LOS OTROS

    #MeToo# dice el hashtag que ha circulado por todo el mundo. Esta vez, se trata de una forma de acoso de las más clásicas y rastreras: hombre en posesión de poder en su ámbito profesional, que se puede permitir (y lo hace) intimidar, presionar, humillar, amenazar... para conseguir su trofeíto sexual, una muesca más en su culata, y para ello apuntan y disparan sobre mujeres jóvenes, en ocasiones escandalosamente jóvenes, todas ellas en ese punto de su vida en el que con una denuncia tienen mucho que perder y poco o nada que ganar, salvo quizá una etiqueta de problemática o difícil, el dudoso honor de ser recordada para siempre como "X, la mujer que denunció a Z", y la sospecha eterna de haberlo hecho para conseguir fama a su costa.  Ellos, en su posición privilegiada, ni siquiera se pararán a pensar en lo delictivo de su comportamiento.Total, por presionar un poco,  aprovecharme de su confianza...tretas de depredador veterano. Bien se cuidan de no actuar nunca frente a iguales, de protegerse el culo, de no enfrentarse a mujeres con una posición lo suficientemente asentada como para poder conseguir apoyos y credibilidad con la misma facilidad que ellos. 

   Muchas de las que han denunciado en este último caso, el del productor H. Weinstein, de las que han contado su miserable comportamiento, han narrado cómo y de qué manera se zafaron de sus asquerosos manejos. Pero es muy probable que otras, que por miedo, debilidad o inmadurez aceptaron pasar por el aro, sean todavía incapaces de verbalizar lo que ocurrió por sentirse culpables de haber cedido ante las presiones de semejante elemento. Ellos lo suelen llamar relaciones adultas consentidas. Si me pongo en su lugar e imagino una experiencia así recién salida del cascarón familiar, a lo mejor a estas alturas del cuento preferiría olvidar e intentar vivir como si no hubiera ocurrido antes que hacer público y notorio que yo también estuve allí. 

   Es indignante, censurable, denunciable... pero lo que más me preocupa una vez más no es el hecho de que aparezca una manzana podrida en el cesto,  es más bien esa cantidad de gente supuestamente empática y respetable que hizo la vista gorda, por amistad, por interés, por dejadez y, sin ningún tipo de escrúpulos, tapó, ocultó, negó, convenció e hizo bromas sobre las debilidades de la fiera. Gente no tan desamparada, no tan indefensa, actores famosos que viven con mujeres, que tienen hijas, que tienen madres. "H. es así", se dirían unos a otros conscientes del defectillo de su amigo, de esa incorregible afición, con una sonrisa de complicidad, de condescendencia. Ya se sabe, a los amigos se los acepta como son, con sus virtudes y sus defectos, con sus millones y sus perversiones. Mejor mirar para otro lado. Y eso de la rectitud, la ética, la integridad moral...mejor lo dejamos para otro día. O para otra casa.