lunes, 17 de octubre de 2016

LUCÍA BERLÍN Y SU MANUAL DE VIDA





"Todos tenemos nuestros álbumes mentales. Planos congelados. Instantáneas de gente a la que amamos en distintos momentos"



   No sé si existe el puesto de librero de cabecera, pero yo tengo un candidato. Ésta fue su última recomendación: un libro maravilloso desde el primer al último relato. 

   Comencé a leerlo sin saber nada de la autora, pero una pequeña indagación posterior me descubrió que su escritura está tejida con fragmentos de su vida, agitada y difícil desde el principio, como parte de una familia poco convencional, nada protectora, y que ella supo alimentarse de cada experiencia para cubrir con un manto de verdad estas páginas. Una mujer valiente, porque estas historias son a la vez literatura y confesión, un desnudo. Adicciones, carencias, una niñez atípica, su maternidad múltiple, solitaria y demasiado precoz, sus dolencias, su complicada vida escolar y sobre todo sus trabajos: colegios, consultorios, hospitales y  limpieza a domicilio, la actividad que da título al libro: "Me encantan las casas, todas las cosas que cuentan", dice. Tantas ocupaciones en una sola vida le han dado materia prima para escribir relatos deslumbrantes en su sencillez. 

   En algunos cuentos encuentras su sentido del humor (Aquí puedes lavar los trapos sucios, reza en la entrada de una lavandería), las frases ingeniosas, las comparaciones mordaces, las  observaciones llenas de lucidez. En otros no hay lugar para la risa, la tristeza te acompaña desde el primer párrafo. En todas, su escritura precisa, las palabras que parecen fluir sin tropiezos, con el fin de contar lo que ella quiere, de dirigirnos por un determinado camino al ritmo elegido. Y esa vitalidad patente incluso entre la suciedad, la muerte, la enfermedad, la miseria. Muestra sin tapujos una descarnada cotidianidad, en ocasiones disparada a bocajarro.

   Mi cuento favorito es Mijito. Es ese relato que te revuelve durante su lectura y que después se te queda en la cabeza dando vueltas durante días sin  acabar de archivarse. Tiene alguna similitud que no voy a desvelar con Parece una tontería, de Carver, tanto en la temática como en su mezcla de sensibilidad y crudeza, y a nivel personal, por ese empeño en no dejarme. 

Conclusión: en mi modesta pseudoopinión de pseudobloguera, es altamente recomendable.