martes, 4 de octubre de 2016

PSEUDOCUENTO O MICROBOBADA II: LECTURAS

   Aprendí a nadar antes que a leer. Lo de hablar llegó algo más tarde. Con frecuencia  encuentro libros abandonados a su suerte y me sumerjo en la grandeza de su vocabulario. También paso horas buceando en solitario y cuando mi carácter temerario me pone al borde de algún desastre, recurro a mis habilidades lingüísticas y recupero mi libertad. Soy convincente, creo, aunque confieso que sus caras de asombro me desconciertan. Quizá sea mi lenguaje, demasiado académico. Debería informarme sobre los hábitos de lectura de los otros peces.