viernes, 2 de diciembre de 2016

DESVARÍO LITERARIO

         Le dije que su pasividad era enervante y le pareció un oxímoron inadecuado. Que su amor era dañino y doloroso, y creyó que era una buena paradoja. Le grité con toda la furia acumulada en estos meses de soledad y desesperanza, acusándolo de tener la sensibilidad de un muro de piedra, y consideró que era un tanto hiperbólico pero aceptable como símil. Dudo, añadí entre lágrimas, entre matarte con mis propias manos o marcharme de casa para no volver. Un dilema fácil de resolver, le oí decir sin levantar la cara del libro. Cerré la puerta de un portazo, jurándome a mi misma que nunca más viviría con un hombre de letras, pero sin poder evitar pensar que letras es un anagrama de lastre. Que a su vez rima con desastre.