jueves, 30 de junio de 2016

DOS MESES

A lo tonto, a lo tonto...hace dos meses que empecé este pseudoblog, esta especie de diario escrito para mí  y, puesto que es anónimo y secreto, para quién le pudiera interesar. Nada de obligar a amigos y conocidos a leer y opinar. Que luego corro el riesgo de que sean sinceros...

Saludo a esos pocos lectores que han caído por aquí, imagino que por azar. Me siento un poquito acompañada, aunque seáis tan silenciosos.

miércoles, 29 de junio de 2016

ALEGATO CONTRA LA SINCERIDAD

   Hace años que defiendo que la sinceridad está sobrevalorada. Entiéndase que me refiero a la sinceridad como valor absoluto. A ese decir: "yo soy muy sincero" como aviso, o amenaza, antes de disparar sobre ti algún reproche innecesario, que te va a doler, pero que no va a aportar nada a vuestra relación. Me declaro fan absoluta de la lealtad,  de la nobleza, de la honestidad...pero no de la verdad verdadera. Con tus hijos, padres, amigos, parejas, compañeros de trabajo...el coste por un arranque de franqueza puede ser tan alto en daños al contrario como pequeño su margen de beneficio.  

        Cada vez que alguien te mire fijamente a los ojos y te diga: yo soy muy clar@ y prefiero decir las cosas como las pienso... huye, escapa: de ahí, de esa boquita, no puede salir nada bueno. Sinceramente.

viernes, 10 de junio de 2016

PARADOJA DE ALGUNOS LIBROS TRISTES

   Una vez más, me he visto atrapada por un libro triste. Triste por contar el diario de Marie Curie, escrito en el primer año transcurrido tras la muerte de Pierre Curie. Triste porque es el relato de un doloroso duelo, y triste porque la autora, Rosa Montero, intercala vivencias de su propio duelo de viuda. No muchas, pequeñas píldoras de un dolor que solo a ella pertenece.

   Pero, como otras veces, este libro triste es un canto a la vida, al amor, a la ilusión, a la perseverancia en el trabajo, a la añoranza de las pequeñas cosas, de esas rutinas compartidas que se cosen a nuestras vidas para siempre. Es un grito de ese dolor tan profundo que solo sucede a una vida feliz, vivida de verdad, inesperadamente rota o incompleta, a ese vacío dejado por  alguien que era parte de tu día a día y que ya no está, ni lo estará nunca. Creo que estos libros tristes alimentan las ganas de vivir.

  Me gustan la reflexiones sobre cómo las vidas de otros cambian la tuya. En mi caso, a día de hoy, he tenido pocas bajas en mis afectos más próximos, pero he sentido el miedo atroz, paralizante, que provoca la posibilidad de perder a  un hijo. Recuerdo los largos minutos vividos a la puerta de un quirófano. Una espera llena de la esperanza y el miedo de ver abrirse la puerta y recibir un veredicto. Conservo la terrible sensación de certeza de que si se iba uno, el pequeño, si lo perdíamos a él, del otro, de su hermano, de mi hijo mayor, solo quedaría una parte, el resto se iría con su hermano y nunca volvería a ser el mismo, nunca ninguno volveríamos a ser los mismos. En este momento, ese pequeño duerme plácidamente convertido en un adolescente guapo y un pelín golferas, y aunque han pasado nueve años, rememorarlo duele. Porque durante unas horas, todos pudimos dejar de ser quienes somos.

  Comparto también esa creencia de que, dentro del horror, se abre a veces camino la belleza de la vida, en forma de amor o de la amistad incondicional, inyectándote  dosis de luz que impiden que esa nube negra te arrastre irremediablemente con ella. En su caso, un ejército de amigos y familiares cuidándolos a los dos en los últimos días de Pablo. En el mío, un batallón de seres queridos haciéndose presentes aún en la distancia. Con mensajes de buenas noches cuando te sabían ya sola ante el peligro, o de buenos días cuando te suponían tempranamente desvelada. Y eso nunca jamás te deja. Y eso nunca jamás se olvida.

   

lunes, 6 de junio de 2016

LAS BUENAS MANERAS

Situación 1 (ayer mismo, en una sucursal bancaria)

Me acerco a una mesa donde un señor grandote, pasados los cincuenta, mira absorto la pantalla de un ordenador. Imagino que me ve por el rabillo del ojo, porque sin perder de vista la pantalla me pregunta más o menos que a qué se debe mi visita. Le comento que tengo un problema con la tarjeta de crédito y, girando cómo un autómata, la recoge y se vuelve otra vez a su pantalla. Transcurridos dos o tres minutos, sin mirarme, me dice que me siente (¡pero siéntese usted, señora!). No sabe resolver mi problema y pregunta a otro compañero, como si yo no estuviera presente. Y dan vueltas y vueltas al asunto para decirme finalmente que la única solución posible es anularme la tarjeta y emitir una nueva. Claro, con un cargo de veintiocho euros. Que quiere ser sincero conmigo. Ahí ya sí me miró.

Situación 2 ( hace un tiempito, con otro empleado de banca)

Mientras hago una consulta relativa a un préstamo hipotecario, el empleado en cuestión contesta una llamada, claramente de índole personal. El señor se embarca sin pudor en una larga conversación sobre la última jornada de caza, y sobre los planes para la próxima, sin ninguna prisa, sin pedir disculpas, sin respeto hacia mi tiempo. Mientras, teclea de vez en cuando el teclado del ordenador, me mira y sonríe. Para que yo vea que se ocupa de lo mío.

Situación 3 ( en la caja de unos almacenes)

Me dispongo a pagar y en ese momento, la cajera se apoya indolente sobre el respaldo de su silla y bosteza abierta y ruidosamente (aclaro que no la conozco de nada), tras lo cual exclama antes de cobrarme: ¡ qué aburría estoy hoy de trabajar!

Nada que añadir


viernes, 27 de mayo de 2016

LO QUE VIENE A SER LA ADOLESCENCIA (I)

   Un día, sin más, abres los ojos con un poco más de interés y concentración de lo habitual, y descubres en tu casa a dos maromos que parecen haberse merendado a tus pequeños. Esos niños rubios y dulces ya no existen. En su lugar, hay dos cuerparrones hormonados por ahí dispersos. Porque esa es la primera diferencia:

   1) Los adolescentes no se sientan: se desparraman en el sofá.

   2) Te dispones a entrar en el ascensor. Meses atrás, tus dos hijos se pegaban día sí y día también por dar los primeros al dichoso botón, hasta el punto de negociar  con ellos un riguroso turno con el fin de no empezar cada día a grito pelado y dando la nota en el portal. Ahora no. Ahora entran, apoyan sus anchas espaldas cada uno en un rincón, y esperan. A que venga el Espíritu Santo, o a que su Santa Madre apriete el susodicho botón. Ellos no. Nunca. Indolencia manda.

   3) Métodos para comunicar una mala nota tratando de evitar bronca y/o castigo.

Método A ( o cómo suavizar el golpe)

- Nos han dado la nota de X.
-¿Y?
- Fatal. Fulanito, que es buenísimo, un 3, Menganita, que es de las mejores de la clase, un 4...
-¿YYY?
-Zutanito, que estudia mogollón, un 4,25..
-¿YYYYY?
-¡yo un 4.75!. Está genial,no? (sí, estupendo, mi chico es un as)

Método B (la mejor defensa es un buen ataque)

- (M, con evidente cara de cabreo, entrando por la puerta): ¡Cómo se pasa X ! ¡me lo sabía todo y me pone un 3.5! ¡pienso reclamar! ¡No me digas nada, mamá, no me digas nada que no quiero hablar del tema. (Pobre, y yo que sí quiero hablar del tema...)

  Algunos días, la puesta en escena es digna de nota. Pero...cuando tú vas, yo vengo de allí ( que decía la canción).

   4) La moda (suya). Asume que eres una antigua, aunque tú te creas moderna de la muerte, y que no entiendes nada. Si ellos dicen que pega, y que "todo el mundo lo lleva así", no hay nada que discutir. "Todoelmundo" tiene muuuuucho mejor gusto que tú. Dónde va a parar...
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   5) La moda (tuya). Peroooo... ese vestido tiene plumas, ¿vas a salir así a la calle? (con ojos espantados).  Desde su visión adolescente, una madre NUNCA debe llamar la atención. Por supuesto, ni se te ocurra bailar en público. Y menos con las plumas. En mi caso, cargan con esa cruz: saben que, entre otras cosas, estoy en ese mundo para avergonzarlos un poquito de vez en cuando.

    6) El concepto ducha rápida: no lo pillan.

   7) Aprender y aceptar que ese hijo grandullón mimoso que te acaba de abrazar en el pasillo, es el mismo que se convertirá en un orco desatado media hora después porque no sabe DÒNDE LE HAS PUESTO su camiseta favorita. Esa apestosa que dejó hace tres días hecha un ovillo a los pies de su cama y que tú te has negado a recoger.

   8) El pelo. Antes de preparar la mochila, hacer la cama o recoger su ropa, tienen que comprobar frente al espejo que el flequillo, tupé, melena...está exactamente donde debe estar. La agenda se puede quedar en casa perfectamente: no la van a echar de menos. Total, para lo que hay que anotar...

   9) El orden/ desorden de su habitación. Asume que a ellos NO LES MOLESTA la ropa sucia por el suelo. O encima de la cama. O encima de la silla... Lo más que podrían hacer por iniciativa propia es trasladar el montón: de la silla a la cama  (si se tienen que sentar), de la cama a la silla ( si se tienen que acostar), de la silla o la cama al interior del armario (si la tienen que esconder), sin que por ello la ropa pierda su identidad de montón  (ni hablar de perchas, por supuesto, cada prenda de ropa recuperaría su individualidad, algo que no se contempla).

10) La Play Station. Qué daño ha hecho en mi familia.  Mientras tu adolescente juegue,  estará sordo a todo lo demás y perderá el sentido común que tú empezabas esperanzada a vislumbrar en otras facetas de su vida. Da lo mismo que lo llames para comer, que le avises de que se está cayendo la casa o que le comuniques que unos mutantes están invadiendo el mundo empezando por su habitación. La respuesta será más o menos la misma: Vale, ahora voy ( no viene); vale, cinco minutos y voy ( tampoco viene); o vale, pero ahora no puedo, que no puedo guardar (la más sincera, ciertamente. Pero tampoco viene).

Y aun así, qué estimulante aventura es verlos crecer.




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jueves, 12 de mayo de 2016

TÚ NO ERES COMO OTRAS MADRES...¿O Sí?

   Hoy me lanzo a la crítica literaria. O pseudocrítica, que para eso esto es un pseudoblog. Ayer terminé el libro de Angelika Schrobsdorff : Tú no eres como otras madres. Se publicó, creo haber visto, en 1992, pero hasta este año no se ha editado la traducción al castellano. Puedo decir que lo empecé el jueves pasado y ayer, martes por la noche, leí con pena la última página. Teniendo en cuenta que ha sido una semana de horarios imposibles de trabajo, puedo decir que, para mí, ha sido una lectura adictiva. Y eso hacía mucho tiempo que no me ocurría.

   No es un libro de ficción, aunque doy por hecho que la autora se habrá tomado alguna licencia. Cuenta la vida de su madre, Else, una judía alemana que nació en Berlín a finales del siglo XIX y que vivió la vida con entusiasmo, pasándose por el forro las convenciones sociales de la época (y de todas las épocas, en realidad: ahora mismo su vida sería de lo más escandalosa).

   Reconstruye la vida de su madre desde el testimonio de amigos, de la correspondencia que conserva, de sus recuerdos como hija menor. A través del texto, asistes como espectador a una época dorada en Berlín, una vida de fiestas, teatros, cabarets... en la que Else decidió tomar un camino solamente tolerado a los hombres y llevarlo hasta sus últimas consecuencias: librarse de formulismos morales y lanzarse al amor, a la seducción en libertá, a atreverse a convivir con más de un hombre a la vez, a tener un hijo con cada hombre que amase de verdad (tres en total), a querer a esos niños por encima de todo y a disfrutar de todo lo que la vida le pusiera delante.

   Describe muy bien la ingenuidad con la que observan el avance de Hitler y el acoso a los judíos en los primeros años, sin aceptar que esa locura pudiera contagiarse a todo el país, prolongando hasta el límite esa forma de vida cómoda y despreocupada.  Visto desde ahora, desde el conocimiento de todo lo que vino después, cuesta creer que ignoraran los avisos y conservaran su cuento de hadas durante tanto tiempo. Luego el exilio, el desgarro de la separación de la familia, el hambre, el frío, la vuelta a un Berlín de posguerra, la muerte...Y en medio de todas estas terribles circunstancias, la observación de cómo el afán de supervivencia y el miedo convierte a algunos en necios, cobardes, falsos y traidores y a otros en personas valientes y generosas.

   A pesar de todo esto, ella vive una maternidad muy convencional, esa en la que todas nos reconocemos: amor, entrega, miedo atroz a la enfermedad de sus hijos, preocupación por su futuro, necesidad de saberlos a salvo, de olerlos y tocarlos...y esa puñetera culpa que siempre acaba apareciendo, que permanece ahí, agazapada, presta  a asomar la cabeza en cualquier momento.
 
   Mujer libre, valiente, transgresora, caprichosa, decidida, entusiasta, vividora...y una madre que sí es como otras madres. Hay que leerlo.


   

martes, 10 de mayo de 2016

NO ES PA'TANTO




   Esos días en los que me pueden los problemas, me pesan tanto que me parece una carga insoportable, esos días en los que me siento tan y tan desgraciada por el desajuste de mi cotidianidad, porque cada jornada parece un rally lleno de obstáculos, esos días es cuando, en un momento de lucidez temo que, como siga así,  va a venir la versión más puta y cañera de la vida y, cual madre de antaño, me va a gritar a la oreja ¡te voy a dar yo motivos pa'que llores por algo! 



LOS AFECTOS

   Ayer asistí a la presentación de un libro. Un libro bueno, escrito con maestría, un libro emocionante y demoledor, que te lleva a ver la historia desde el lado de los vencidos, pero también de los vencedores, que te obliga a reflexionar sobre quién tiene la responsabilidad en los hechos atroces de la historia, y quizá también en los del día a día, a pensar en los que toman partido como  brazo ejecutor y en los que dejan, o dejamos, que lo terrible ocurra cerrando los ojos o mirando hacia otro lado. Pero no quiero hacer una crítica del libro, de esas ya hay varias, elaboradas por gente mucho más sesuda y profesional que yo. Asistí, digo, por admiración hacia el escritor, pero también por afecto, y esa sensación sí que es nueva en mi larga vida de lectora aficionada. La primera vez que comparto con el autor un pasado, olores, calles recorridas, aulas de colegio, recuerdos de gente que ya no está...comparto afectos. y esos no tienen fecha de caducidad. En este caso, y en otros, compruebo que, aceptando que la vida nos empuja a cada uno a conquistar espacios nuevos y a abandonar los que nos vieron crecer, los afectos permanecen y despiertan de su letargo en cuanto los alimentamos un poquito. Y me gusta ver en qué persona sensata, culta y tranquila se ha convertido, transmitiendo cordura y normalidad cargada de brillantez sin impostación, mostrando un bagaje lector envidiable, desde la idea del placer y el disfrute, no de la vanidad. Una persona interesante de verdad. Estuvo bien volver a verlo.

lunes, 2 de mayo de 2016

...Y A MÍ ME IMPORTA UN BLEDO

    Lo cierto es que, aunque todavía no lo he conseguido, uno de mis objetivos en esta recién estrenada decena es hacer mío este lema. Oole ahí, con un par. Que ya podía haberlo hecho antes, pero no fui tan lista como Olvido.
   
   El sarpullido invisible y la mala leche que se me pone cada vez que veo que alguien me juzga con comentarios envenenados o miradas torcidas por como vivovistocantobailocorrolloro o por como educohablogritoalimentopremiocastigo a mis hijos va siendo cada vez mayor (proporcional a  la edad, debe ser). Hay una especie de tiranía de lo guay y lo no guay, que afecta en gran medida a las mujeres, más que a los hombres, y que te arrastra sin quererlo a culpabilizarte por no llegar al nivel que se espera de ti (megaguay, a ser posible). Esto te obliga a comer sanísimo, sin sal, piénsate lo de los lácteos, terribles, la verdura y la fruta a ser posible de cultivo orgánico, please;  a no dar nunca a tus hijos comida preparada, potitos o salchichas plastificadas ( o a ocultarlo, callártelo como una muerta, mentir: casos conozco); a ofrecer lactancia a tus hijos a demanda, sean cuales sean tus circunstancias, ( madre egoísta, mira que plantearte otra posibilidad) bajo la amenaza segura de condenar a tu hijo a una vida de infecciones sin fin; a educar en valores, sin castigos, sólo refuerzos positivos, sin gritos, hay que explicar y justificar...

   La faceta de madre, especialmente durante los primeros años de vida de nuestros hijos, es completamente invasiva con respecto a las otras: trabajadora, pareja, amiga, hija, mujer, lectora compulsiva, deportista incansable...existen miles de caras para una misma mujer y cada una elegimos las nuestras. Y, aunque asomen tímidamente la cabeza, creo que debemos seguir alimentándolas para estar completas. Eso, si esa es nuestra elección. Y puesto que yo me esfuerzo en comprender y no juzgar a aquellas mujeres que deciden dedicarse en cuerpo y alma a sus bebés desde que nacen hasta el infinito, que cumplen casi a rajatabla el manual de la madre guay, y que además lo defienden como necesario para el desarrollo emocional sano de los niños, reclamo que ellas respeten que es una opción que personalmente me espanta, y me molesta que se suba a los altares como propuesta de maternidad ideal.

    Quiero pensar que hay muchas maneras de educar niños sanos y felices, todas válidas, y además, me parece importante no olvidar el camino recorrido y seguir peleando por avanzar y no ceder el terreno conquistado, es decir : que somos capaces de desdoblarnos, y ser otra cosa además de madres. Aunque invirtamos parte de nuestra jornada laboral en interesarnos por la tos del niño, en sufrir por su examen de polinomios, o en ir haciendo mentalmente la lista de la compra: en eso sí creo que estamos todas atrapadas sin remedio.

   Y que viva el día de la madre. De todas las madres.

miércoles, 27 de abril de 2016

LA LIBERTÁ

     Hace casi treinta años, en un pupitre de la facultad, camuflado entre otros muchos garabatos, encontré este inspirado poema de anónima autoría:
La libertá
nonainonaino
nonainoná
Lo cierto es que su  compleja rima y su misterioso mensaje me han acompañado durante todo este tiempo, así que ahora, que me adentro en la maravillosa (espero) cincuentena, me pongo el mundo por montera  e inauguro este blog para escribir cuando yo quiera, como yo quiera y de lo que a mí me parezca. En plena libertá.